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Porque ladran los perros

Constituye un error común imaginar que un perro que ladra está amenazando a alguien.

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Parece estar llevando a cabo un fuerte alboroto dirigido de forma directa a usted, pero esto constituye una falsa interpretación. En realidad, el ladrido es una señal de alarma canina y se dirige a los demás miembros de la manada, incluyendo la manada humana a la que el perro pertenece. El mensaje del ladrido es: «Aquí está sucediendo algo extraño… ¡Atención!». En el medio salvaje esto tiene dos efectos: el de que los cachorrillos busquen refugio y se escondan, y el de estimular a los adultos para entrar en acción. En términos humanos, es algo semejante a tocar una campana, golpear un gong o hacer sonar un cuerno para anunciar que «alguien se acerca a las puertas» de una fortaleza.

Entonces porque ladran los perros

Esa alarma no nos llega a decir si los que se aproximan son amigos o enemigos, sino que previene respecto de que hay que adoptar unas necesarias precauciones. Ésta es la razón de que unos fuertes ladridos puedan saludar la llegada de un pariente del amo del perro lo mismo que la intrusión de un ladrón. Una vez ha quedado identificado el recién llegado, los ladridos serán sustituidos o por una amistosa ceremonia de saludo o por un ataque en serio. En contraste, el verdadero ataque es por completo silencioso. El perro agresivo y sin miedos, simplemente echa a correr hacia ti y muerde. Las demostraciones de los perros policía, que atacan a los hombres que simulan ser criminales en fuga, confirman esto. Cuando el hombre, con el brazo cuidadosamente protegido, echa a correr por el campo y es soltado el perro policía por parte de su cuidador, no se producen ladridos, ni el menor sonido. El silencioso salto del perrazo acaba con rapidez con las mandíbulas clavadas en el acolchado brazo, sujetándolo con fuerza.

Porque ladran los perros a las personas

La huida es igualmente silenciosa. El perro que trata desesperadamente de escapar, se mantiene en completo silencio mientras se aleja en la distancia. Esencialmente, las vocalizaciones son indicaciones de conflicto o frustración. El hecho de que casi siempre acompañe encuentros agresivos con perros sólo significa que, incluso el más hostil de los canes, está por lo general un poco asustado. El completo silencio del auténtico ataque del perro policía es menos corriente que el ataque con gruñidos. Gruñir con los labios retraídos para mostrar los colmillos constituye algo típico del perro que es muy agresivo pero tiene un poco de miedo. El leve matiz de pavor es lo que convierte al ataque silencioso en uno con gruñidos; pero no se trata de un perro con el que se pueda juguetear. El impulso para atacar es aún demasiado fuerte. El perro que gruñe constituye una pesadilla para los carteros. A continuación, en un orden de miedo creciente está el perro que refunfuña. El que refunfuña tiene más miedo que el que gruñe; pero el riesgo de un ataque sigue siendo aún grande. El que refunfuña puede sentirse aún más a la defensiva; no obstante existe todavía una gran agresividad suficiente para explotar en un verdadero ataque de un momento a otro. Cuando el equilibrio se desnivela ligeramente del puro ataque y el miedo avanza un poco más hasta tomar la delantera, los refunfuños empiezan a alternarse con ladridos. El grave gruñido se «expansiona» de repente hasta un profundo ladrido. Esto se va repitiendo: gruñido-ladrido, gruñido ladrido. El mensaje procedente de un perro así es el que sigue: «Me gustaría atacarte (gruñido), pero creo que pediré refuerzos (ladrido)».

Ladridos del perro

Si el elemento miedo aumenta cada vez más y comienza a dominar la agresión, en el interior del cerebro del can, el gruñido de la exhibición desaparece y sólo se oye el ladrido, muy alto y repetidamente. Esto puede continuar durante un rato irritadamente prolongado, hasta que, o bien se desvanece el elemento extraño que lo ha causado, o la «manada» humana ha acudido a investigar qué ocurre. La característica principal del ladrido del perro doméstico es que se produce en explosiones tipo ametralladora: gua-gua-gua…, guau-guau-guau-guau-guau…, guau…, guau-guau-guau, etc., en una excitada corriente de potentes ruidos. Esto es algo que se debe a diez mil años de cría selectiva de los perros, y no a los antepasados salvajes de nuestros animales domésticos. Los lobos ladran, pero el ruido que hacen resulta mucho menos impresionante. La primera vez que se oye ladrar a una manada de lobos, se reconoce de inmediato de qué se trata; pero resulta difícil creer que sea algo tan modesto y tan breve. El ladrido del lobo no es alto, ni muy frecuente, y es casi siempre monosilábico. Se puede describir mejor como un sonido en staccato. Por lo general se repite cierto número de veces, pero nunca evoluciona hasta el ruidoso sonido de ametralladora tan típico de sus descendientes domésticos.

El tono también es fundamental para identificar el motivo del mismo. La agresividad suele estar acompañada por ladridos y gruñidos graves, mientras que los sonidos agudos son una invitación a relacionarse con los demás perros. El miedo es más difícil de distinguir, aunque está caracterizado por un gruñido algo más largo, que puede intensificarse a medida que otros perros se acercan a él. A veces únicamente un profesional puede ayudarnos en esta situación.

Los ladridos de los perros y los lobos

Y lo que es aún más curioso, se ha informado de que los lobos que hoy permanecen bastante cerca de los perros acaban aprendiendo, al cabo de algún tiempo, a emitir su largo ladrido. Por ello, resulta claro que no es tan difícil la transición desde un gañido a un superladrido. A pesar de esta habilidad para aprender, parece muy probable que, en los primeros siglos de la domesticación del perro, se produjera una selección bastante rápida por parte de los primitivos dueños de perros para que un «ladrador» mejorado actuase como una alarma contra los ladrones. Partiendo del modesto gañido del lobo, seleccionaron en las camadas a los cachorrillos de un ladrido más persistente y alto, hasta que se desarrollaran los perros de guarda actuales en extremo ruidosos. Hoy, casi todas las razas de perros conservan las cualidades genéticas que les confirieron un ladrido mejorado, aunque, en este aspecto, algunas razas tienden a ser más impresionantes que otras.

Otros ladridos

Sólo el basenji, o perro africano silencioso, parece haber escapado por completo a esta tendencia. Esa raza particular se desarrolló de un pequeño y silencioso perro cazador en el antiguo Egipto, hace ya más de cinco mil años y, al parecer, en su ya larga historia doméstica jamás se le han encomendado misiones de guardián. Para resumir, puede decirse que el refrán «perro ladrador poco mordedor» se halla basado en una auténtica verdad. Así, pues, el perro que ladra no es por lo común, lo suficiente valiente como para morder, y el perro que muerde no se molesta en ladrar para pedir refuerzos por medio de la llamada de alarma.